martes, 18 de junio de 2013

Hoy no es ayer

-Ruby, abre la botella. Y tú, empieza a contarnos.

Cocó era de repente mi nueva compañera de piso. Mi mejor amiga, mi hermana, se había convertido en mi compañera de hogar. Desde su primer día en la casa, no habíamos hecho otra cosa que hablar de nuestro día a día. Básicamente, desgracias. Pero hoy era el momento de hablar de algo nuevo, algo inédito. Nuestro amigo Cameron había venido a ver nuestra casa y a contarnos la historia de la que había sido protagonista (o casi-protagonista, más bien) durante los últimos meses. Algo de lo que nosotros no teníamos ni la menor idea.

Cameron es un Ruiz-Mateos
-Nenes, manda cojones, pero voy a contaros algo... Raruno -soltó Cameron. Cocó y yo nos "no veas qué suspense, tía".- He estado muy pillado por un tío durante varios meses -este es el momento en el que mi compañera de piso y yo por poco escupimos el vino, para a continuación bebernos los tres las copas de un trago y volver a servirnos.
mirábamos mientras nuestras manos subían a la vez nuestras copas de vino a nuestras bocas, y nos mirábamos con esa clásica mueca de

-Habla, canalla. Cuéntalo todo.

Seamos sinceros, cuando en lo último que piensas antes de dormirte es en Mister X y en lo primero, al levantarte, es en Mister X... algo falla. Estás jodido. No hay nada que hacer. Y, además, Cameron es como yo... Y como Cocó... Y probablemente como tú... tiene una capacidad innata de enamorarse de quien no debe. Somos como el Club de las Primeras Esposas, pero versionado a lo cañí, el Club de los Primeros Indignados.

La relación de Cameron con McIndo (pronúnciese Makíndooou, así, con la "o" larga) era sencilla, amigos y punto. Pero, ¿qué es lo que ocurre cuando llega un momento en que no es tan sencillo definirlo? Yo soy de esas personas que se basan muy bien en la teoría, en una teoría que resulta ser muy bonita sobre el papel: mientras todos estemos jugando al mismo juego no hay problema. Pero realmente, solo es necesario el chasquido de unos dedos para que todo cambie, para movernos en una atmósfera distinta, en un escenario más enrevesado. Vaya, salirnos de la puta "friend zone" y entrar en la zona de pánico o "querer algo más".

¿Qué ocurre cuando quieres invitar a una cena romántica al que hace dos semanas era un amigo cercano? ¿O cuando piensas en posibles regalos para hacerle? ¿O cuando te excitas imaginándole protagonizando contigo la escena porno más salvaje de la Historia de España? ¿Qué hacer cuando abres los ojos a primera hora de la mañana y te lamentas de que no esté ahí, de que no haya estado y de que, probablemente, no estará? ¿Qué hacer? Pues básicamente, te jodes mientras escuchas La Oreja de Van Gogh o, peor aún, Merche.

Sí, te conviertes en una Merche de la vida que no encuentra salida a este laberinto de mierda formado por caras de esta persona, no encuentras solución a este sudoku de los huevos en el que lo único que ves son ceros... Ceros que te recuerdan que te lo vas a follar cero veces, que vas a vivir cero escenas de película con él y que pasaréis cero Nochebuenas juntos, por poner un ejemplo. Te conviertes en una Merche de la vida a la que todo le sale mal y canta canciones tristes cada dos segundos. En el mejor de los casos, te tornas en Ana Torroja en su época Mecano (también llamada época "notengoestilista") y en el mejor de los casos la cara vista es un anuncio de Signal.

Cameron era Merche, en este caso. Pero como también lo he sido yo, o Cocó o tú. Malinterpretaba señales... Que a veces ni siquiera las había, pero ya que no las hay pues te las inventas, y a tomar por el culo: "Me ha mirado mientras decía esto", "Creo que esto otro lo decía por mí", "Me ha invitado a su casa, seguro que quiere decirme algo", "Uy, un abrazo, seguro que quiere que yo haga algo... pero no quiero arriesgarme". En fin, cientos de gilipolleces que cuando Cameron las juntó, en su cabeza tenían sentido.

La teoría es bonita. Y en teoría, Cameron podría llegar a ser un novio perfecto. Cameron era lo que McIndo necesitaba. Pero las teorías bonitas se van como lo que son... tirando de la cadena. Por cada señal que mi amigo había visto, se encontraba con tres actitudes que hacían ver que nada de lo que él había percibido era real. Pero... ¿por qué? Cameron demostraba lo que se supone que debía demostrar: siempre estaba ahí, era leal, era detallista, comprensivo, guarrillo en buenas dosis, ayudaba en todo lo que podía... En definitiva, mostraba disponibilidad. ERROR!!

La tontería le había durado meses. Pero, como en todo, llega un momento de inflexión que lo cambia todo. Ese momento en el que sabes que tienes que hacer algo, que no puedes estar comiendo mierda por tiempo indefinido. Quieres pasar de ser Merche a Paulina Rubio, destroyer, indiferente, fuerte y en playback. Ese momento suele coincidir con un disgustazo del copón, con lágrimas en los ojos, tristeza, abatimiento, desconsuelo... Vaya, que un día te das cuenta de que estás viviendo en una pocilga emocional.

Cameron aprendió. Siempre digo que la teoría buena es bonita, pero la mala es preciosa. Si eres uno de esos novios que podrías ser ideales, estás jodido y fracasarás. Si estás hundido en la mierda, huye, y acertarás. ¡¡Y es que es verdad, coño!! Mi amigo puso un poco de tierra de por medio. Se alejó de pasar casi todos los días con McIndo, decidió invertir sus pensamientos en sus amigos de siempre, en nuevos contactos, ocupar su mente en cosas distintas en las que no se sentía frustrado, en cosas que no suponían un camino interminable. ¿Fue fácil? No, para nada. Jode mucho tener que tomar la decisión de alejarte de la persona a la que antes le dirías SÍ, SÍ Y SÍ a todo lo que te dijera solo por estar un rato con él.

Tú también eres una Merche, asúmelo
En un post anterior os comenté lo importante que es, en mi opinión, mantenerse firme y no doblegarse por una persona que o bien nos hace mal o bien nos ignora (es decir, nos hace mal a lo zorro y porque nosotros somos gilipollas). No podemos permitirnos el lujo de ser un saco de boxeo con cara de niño autista, sin dejar de recibir hostia tras hostia. Porque cada hostia que recibimos es una frustración más, y parece que no, pero se van acumulando y nos metemos en una espiral tóxica en la que, simplemente, no somos felices.

¿Qué quiero decir con toda esta mierda? Pues que Cameron ha marcado límites. Ya no está triste, ve las cosas con mayor independencia. McIndo ha seguido con su vida, sin apenas percibir que Cameron ya no está bebiendo los vientos por él (para eso está el vino y los cócteles, que ya se los bebe con nosotros). Sigue siendo su amigo, pero cada uno en su sitio. El ayer era frustrante, pero hoy no es ayer y no va arrastrarse más, porque todos tenemos un tope en el que decimos "no puedo seguir así". Cuanto antes lo detectemos, antes dejaremos de ser Merches. Aunque siempre haya un momentito de debilidad en el que recuerdas lo bonito que, en teoría, era imaginaros juntos. 

Por cierto, Merche, a cambio de utilizar tu marca como ejemplo de persona desgraciada puedes utilizar esta historia como inspiración, ya que me parece que hay más de un Cameron por ahí. Y, por último: creo que he vuelto ;)

lunes, 11 de marzo de 2013

Embestidas con sorpresa

La mala suerte se está ensañando con mi grupo de amigos. Cocó ha pasado una de las peores épocas de su vida, y todo por un individuo cobarde no tuve narices a decirle algo que, en opinión de todo el mundo, debería decirse a cualquier compañero sexual que se precie. Pero, en fin, comencemos con la historia.

Cocó conoció a Bernie (pronúnciese Bónii) en la fiesta de cumpleaños de su amiga francesa Genevieve (pronúnciese Yenefif). Mi amiga me contaba que al principio no hubo mucho feeling entre ellos, porque pensaba que era un señorito andaluz. Sin embargo, según la noche fue avanzando, las conversaciones se volvieron más profundas. Incluso Cocó le habló de su extraña adicción a rascar con los dientes el papel de las magdalenas en busca de miguitas, algo digno de docu-reality de Divinity.

Voy un poco desCocada
Tras aquel primer encuentro volvieron a verse en un par de ocasiones. Pero Cocó es... Cocó, así que llevó hasta sus últimas consecuencias aquel famoso lema de María Lapiedra de 'pasa un invierno de rechupete metiéndote pollas por el chochete'. A la tercera cita estaban dándolo todo en la cama, mientras Cocó se metía en el papel y lanzaba al aire 'arsas', 'arriquitáuns', 'olés' y 'ojús', además de terminar cantando la salve rociera cuando llegó al clímax, castañuelas en mano incluidas, cual cangrejo cañí. 

Pero 'Embestidas live in concert' tuvo unas consecuencias que Cocó no esperaba. Tras las correspondientes comprobaciones de rigor, los amantes se percataron de que el preservativo se había roto. Y no era una pequeña fisura, sino una raja que ya la quisiera Kimberly pa ella. El shock no tardó en llegar, y Cocó entró en pánico.

Después de hablar con ella e intentar tranquilizarla, mientras Bernie hacía papiroflexia con la funda de sus cojones en su casa, Cocó tomó la píldora antes de que hubieran pasado doce horas del salvaje acto sexual. Sin embargo hubo un factor con el que ni Cocó ni yo contábamos: Bernie era tan imbécil que le daban a cuidar una tortuga y se le escapaba. El maldito cobarde tuvo una conversación POR WHATSAPP (quí virgüinsa) que ni la más retorcida mente hubiera barajado. Tras dar más vueltas que un guionista de Los Simpsons para ocurrírsele el nombre de Pechitos McTetis, finalmente Bernie le tecleó su gran secreto: padecía la preciosa hepatitis C. El público del gran reality show en el que vivo se levantó e hizo la ola. Pero como toda chica guapa, siempre va acompañada de su amiga La Simpática (para el resto de los mortales la fea), que en este caso se llamaba sífilis. ¡¡Un dos por uno!! El público volvió a levantarse mientras cantaba Let The Sunshine In.

¿Dónde estás, profiláctico?
¿En qué momento a alguien se le ocurre practicar el acto de la fornicación obviando semejante detalle? Mientras leíamos sus mensajes, con cada frase Cocó se asombraba, lanzando aspiraciones de sorpresa que yo no sabía si estaba catatónica o hiperventilando. Decidimos que al día siguiente se pediría unos análisis y comprobaría su estado de salud, intentando olvidar lo máximo posible el incidente. Pero Cocó no podía olvidar, especialmente cuando al día siguiente, en una visita al baño, notó una sensación rara en su puerta del amor, como un cuerpo extraño... Tras autoexplorarse, ahí estaba. El signo de la culpabilidad. Un trozaco de condón con el que podía hacerse un Birkin. 

De aquella situación me quedaron claras dos cosas:

1. La gente tiene mucha cara. Lo que habitualmente se escucha de que la gente va a su rollo es totalmente cierto. Afortunadamente el cuerpo de Cocó estaba sin problemas tras los análisis, todo perfecto, pero el agobio que se llevó no tuvo precio. No creo que cueste tanto ser responsable.
2. Cocó tenía que construirse un nuevo lema. Algo así como 'si quieres un invierno fantástico utiliza pollas de plástico' o 'si quieres estar sana y en forma, consuélate con vergas de goma'.

De Bernie... poco se sabe. Por lo que nos comentaba Genevieve, se ha abandonado a las prácticas de riesgo y ahora acude a gabinetes de sexo extraño donde le defecan encima y cosas igualmente excitantes. Vamos, que últimamente le caen unos marrones del copón de la baraja. El karma nos sigue dando sustos. Me pregunto cuál será el próximo.