martes, 31 de enero de 2012

Los viejos

Desde siempre, los jóvenes hemos sido la casta mierdosa de la sociedad. Somos los culpables de la mitad de desgracias que hay en el Planeta. No sé cómo nos las apañamos, que siempre terminamos como un pobrecillo, hijillo de putilla, que hace lo que le da la gana y más maleducado que Belén Esteban. Es cierto. La gente nos mira mal. Los viejillos nos miran mal. En dos palabras: nos temen. En tres palabras: que les follen.

Sí, porque ya me cansa y... No sé, igual se debe a una trauma en la infancia, o algo, aunque sinceramente no recuerdo que mis abuelos abusaran de mí. La cuestión es que en mi vida me encontrado con varias señoras que dicen tonterías y con señores que prefieren dedicar sus palabras a las jovenzuelas. Inocentemente, claro. Y yo, que no me corto, pues les digo cosas. Cosas feas. Digo cosas feas a viejos. Mierda. Tengo un problema.
Pero todo tiene un porqué. Y en este caso, también. Tengo demostrado que los viejos son tanto o igual de maleducados que los jóvenes. Voy a definirte, para que me entiendas, este tipo de situaciones que yo me he encontrado en determinados momentos de mi vida. Empecemos.

Situación 1: La señora faltosa. Ruby pasea con su madre por la ciudad. Aparece una señora. Es amiga de la madre de Ruby. Conversación típica de senora + conocido joven:

-Uuuuyyyy. Yo te conocí cuando eras así -la frase va acompañada con gesto de mano por la rodilla-.
-Ahhhmmm -mirada comprometida y tímida a los lados, con sonrisa de 'intento saber quién es, pero no está funcionando'-. Yo no la recuerdo a usted. (Primera Hostia)
-Bueno, sí, pero la última vez que me encontré con tu madre también estabas tú por aquí cerca. Has adelgazado mucho... Antes estabas como mucho más gordo -esto es verídico. La puta señora lanzó un contrataque digno de cualquier experto. Había que aniquilar-.
-No más que usted, señora- ¡Zasca! Tocada y hundida. Mi madre me echó mirada asesina, la señora hizo como que se reía y se despidió-. 

Situación 2: Ese señor de la continencia. No soporto ver a señores descuidados que están meando en mitad de la calle a plena luz del día y se hacen los seniles, rollo "uyyy, qué hago aquí...". Descuidados porque... A ver, caballero, lo que usted cree que está pasando es que se está ocultando estupendamente y mantiene una postura elegante. Lo que realmente está pasando es que usted parece mirar a las musarañas mientras media calle ya ha escuchado el geiser que sale de esa verengena con forma de pene que, por cierto, ya hemos visto todos porque se está escondiendo como el culo. Bien, yo esto no lo aguanto y le alzo una voz.

-¡Caballero, va a tallarnos el bordillo...¡ ¡Déjelo bonito al menos! -y ahí es cuando viene el momento 'uuyyy, qué hago aquí...'.

Situación 3: La gacela del Mercadona. Os sonará a tópico, pero sí, yo sufrí la picardía de la Tercera Edad. Los Años Dorados no los llaman por el color del ocaso, no... Otro gallo nos cantaría, entonces. No, no, esto va más allá. Se les llaman así por las medallas que han ganado los viejos al espabilarse. ¡Bueno! Se me coló una vieja en la cola del supermercado, cual gacela cabrona. La cajera, llamémosla Topanga, abre una nueva caja y suelta aquella regla que todo Cristo se pasa por el forro: "pasen en orden por esta caja". En orden... Esta señora estaba en lo más posterior de la cola donde yo estaba. Y me dirigí a la cola recién abierta. De repente escucho unas zapatillas de esparto acercándose rápidamente y... Zasca!! Ya se me había colado la señora, con medio-empujón incluido. Yo me quedé mirando a la cajera. He aquí la conversación:

-He dicho en orden, por favor -dice la cajera con tono condescendiente-.
-Estaba yo antes -alza su voz la señora nerviosita-. Que había ido a por detergente que se me había olvidado y me quedé detras -suelta, posteriormente, con dos cojones-.
-No se preocupe, señora. Yo tengo más tiempo que usted para esperar -¡Hostiazo! Vamos, a la señora le dio absolutamente igual, se lo pasó por el chichi. Pero yo me sentí apoteósico.

En resumen, yo creo que mis intervenciones están justificadas. Porque muchas veces les sujetamos las puertas y no dicen ni gracias. Les dejamos el paso, y no dicen ni gracias. Nos levantamos para cederles el asiento en el bus (aunque yo soy más de 'limo'), y algunas veces dan las gracias, vale, pero otras no. Eso sí, como echo de menos a mis abuelillos, leñe.

domingo, 29 de enero de 2012

La gran huida

La puta de mi jefa ya me estaba tocando los anacardos. Bueno, digo jefa aunque realmente ya es mi ex jefa, pero de ahí entenderás que he cambiado de trabajo. Sí, porque ya no me sentía realizado (fíjate, las pocas veces que utilizo yo esta frase y lo que me gusta) y llegaba un punto en el que me daba rabia y miedo ir a trabajar. Y eso, querid@, con 25 años es un poco triste, teniendo en cuenta que me he licenciado hace casi nah. ¡¡Si soy un yogurín!!

La verdadera razón por la que decidí cambiar fue, en efecto, por esa señora. La llamaré Putette (pronúnciese Putét) o SEE, en su defecto. Este Ser, Ente, Ectoplasma es la cosa más absurda que he tenido la oportunidad de conocer desde aquella mujer que solía vestir de rojo en los anuncios de compresas, y se dedicaba a perseguir a jovencitas atemorizándolas con aquello de "ya llegó la hora, ¡sangra!". Gracias a Putette, me cobré dos visitas a urgencias, aquejado de un ataque de acidez de estómago. No es que este Ser, Ente, Ectoplasma me produjera asco (que también, porque lucía bajo sus pantalones uno de esos culos con forma de pañal, de Tena Lady talla Jumbo, y con la mantequilla de cacahuete que estaba aferrada a su pelo podrías hacer una tortilla con huevos de todas las avestruces del puto Sherengetti). Además presume de pechos caídos, que parecen gorros de dormir. Sí, Putette era, sin duda, una Lady Moving.

Putette. Ese Ser, Ente, Ectoplasma.
Pero, te preguntarás, ¿qué te hizo la pañalera? Te enumero situaciones y tú me comentas después. Escupirme perdigonazos de pipas -semillas de girasol- en la cara mientras me daba órdenes, y yo intentaba salvar los impactos con movimientos de cobra. Decirme un día que quiere que le haga un informe, para que al día siguiente me diga "no, eso ya no me interesa, ahora tienes que hacer este otro", pasándose por el chumino mi trabajo de toda una jornada. Concertarle una entrevista con una prostituta brasileña para una investigación sobre precariedad social, y que me la rechace porque, literalmente, prefiere que encuentre "a una a quien le hayan partido las piernas". Pedirme en numerosas ocasiones que la acompañara hasta su coche cuando llovía (bien, definamos esta situación: Ruby Delfino porta el paraguas en su mano izquierda para tapar a Putette, que va cargada de libros e informes, mientras con la mano derecha intenta protegerse torpemente del chaparrón con un folleto de austoescuela). Esto es estar puteado por Putette.

Lo peor es cuando se tomaba las confianzas que no tenía y contaba al equipo que dirigía las aventuras sexuales de su juventud. Se la conocía en el pueblo como 'La Moderna Que Se Cepillaba A Los Forasteros'. Vamos, lo que viene a ser hoy 'Toda Una Fucker'. Mientras contaba estas cosas yo pensaba "joder, pues lo que has tenido que perder por el camino, a día de hoy yo creo que ni Rodríguez Menéndez te da de lo tuyo". Pero bueno, ella era feliz. Maltratadora y pañalera. Con cojín incorporado.

Hace un par de meses llamé a mi amiga Mary Jo (pronúnciese Meuriyóu) y le dije que no aguantaba más. Que renunciaba a esa mierda. Al día siguiente se lo dije a Putette. Se lo vendí como un cambio de vida, una búsqueda de aspiraciones vitales. Ella también aspiró. Aspiró por su potorro cada una de las palabras que le dije, y le dio absolutamente igual. Me dio un puto caramelo de eucalipto. Ahora la está sufriendo Mary Jo. Y es que para hacer currículum es buena oportunidad. Eso sí, ya va camino de volverse tarumba. El otro día me comentaba que está contando las semanas que le quedan para que termine su contrato. Son 34. Me despollo.

sábado, 28 de enero de 2012

Pobre Amanda...

Pobre Amanda...
He llegado a la conclusión de que mi compañera de piso es imbécil. Tiene problemas. Conocí a Amanda hace dos años, en una de las 300 mudanzas que he hecho a lo largo de mi corta existencia. La verdad es que el piso no está mal, tiene estilo, que es básicamente uno de los requisitos que gustaba. Yo es que soy muy de invitar a gente a mi casa, y me gusta que tengan envidia de donde vivo. Ya esto se estilaba en la época del Palolítico y todo eso... A ver, si no, por qué te crees que iban a estar los señores antiguos éstos dibujando caballos en las paredes de las cuevas. Pues yo soy igual. Bueno, deja que me centre.

La cuestión es que cuando me mudé a este super piso del que te hablo Amanda ya vivía aquí. Bueno, vive aquí y trabaja aquí. Porque ella es empresaria y éste es su lugar de trabajo. ¿Empresaria? ¿Empresaria de qué? Bueno, tiene una línea erótica. Tal cual. Me pareció tan sórdido cuando me lo contó, que en mi mente apareció un pódium olímpico y ella colocada ahí, sobre el número uno, como un ídolo. Me encantó. Creí morir. Pensé inmediatamente: "¡Joder! Nos vamos a llevar tan bien...". Pero majo, de vez en cuando, Amanda me mete alguna mentirijilla que otra. Y me ofende, porque eso quiere decir que piensa que me las creo, y no soy mongui. Yo no soy mongui. Ella sí es mongui. Y te voy a contar por qué. 

Lo único que tiene Amanda por aquí cerca es un novio que la trata como el culo. En serio, pasa de ella. Estoy hasta los huevos de pasar la aspiradora por la casa para limpiar toda la pintura y el polvo que deja Amanda cada vez que sus cuernos rallan el techo. Porque sí, su novio Stephan ya se la ha pegado con alguna que otra. ¡Y ella no hace absolutamente nada! Al principio, cuando me contaba cosas sueltas, así como el que no quiere la cosa... yo pensaba "¡Puff...! Pobre Amanda". Pero créeme, es tonta del culo.

Un día, hará cosa de dos meses, me levanté por la noche a beber agua. Stephan se había quedado a dormir, con Amanda. Cuando llegué a la cocina, con esa cara de Carmina Ordóñez hasta arriba de Lorazepam que tiene cualquier persona que se despierta en mitad de la noche, me llevé un susto de muerte. Ahí estaba Amanda, sentaba en la silla de la cocina, llorando y mirando hacia abajo, mirando la pantalla de un móvil. De aquella pensé "oye, como me recuerda esta chica a Kate Winslet en Titanic, moqueando mientras Leonardo va cayendo al fondo del mar en búsca del Costa Concordia". Me acerqué sorprendido, pensando que le habrían dado una mala noticia. Os hago un resumen:
- ¿Amanda, ha pasado algo?
- Sí... -se traga sus mocos- No sé desbloquear este móvil, ¿me ayudas?

Efectivamente, fue en este momento cuando empecé a confirmar mis sospechas de que este chica tiene problemas serios de capacitación. Se lo desbloqueé y mientras llenaba el vaso de agua, trasteaba con el móvil y, de repente, como una batidora en mitad de la puta noche, sus sollozos se multiplicaron por mil.

- Amanda, ¿qué pasa? -me acerqué preocupado-.
- Nada, nada... Vete a dormir, mañana te cuento.

Bueno, tampoco insistí. Eran las tres de la mañana, tampoco iba a montar ahí un Sálvame, tila en mano. Pasé. Y al día siguiente, estando yo poniéndome al día en cosas del trabajo -ya os hablaré de esto, que es un desmelene- Amanda entra a la habitación y me pide hablar con ella. Resumen de la conversación (aspiración de mocos cada cinco segundos): "Stephan es lo único que tengo por aquí. Hace tiempo me contó que había hecho nuevos amigos en el trabajo. Tiene unos 7 sms de una tal IrinaFlopova. La he buscado en Internet y trabaja en Gerona. Allí tuvo él un congreso hace tres semanas. En los sms queda claro que se han acostado y que tienen intención de volver a hacerlo". Sí, efectivamente, los sms lo dejaban claro. Me los contó. Las palabras lengua + polla + saliva + pechos + "postura perrito" no dejaban lugar a dudas. "Siento tanta pena. Me siento traicionada. Siempre he defendido que las mujeres debemos ser independientes y no andar siempre detrás de un hombre, que condicione nuestra vida. Siempre se lo he aconsejado a mis amigas. Pero de repente yo... Sé que tengo que romper con él y aguantar, por mí". 

Fue una conversación de tres putas horas intentando hacer ver a esta chica que debe darse a valer y no bajar la cabeza ante cosas como las que estaban ocurriendo. Para no enrollarme mucho, os contaré cómo terminó la cosa con frases cortas: Stephan se fue de congreso a Zaragoza. Amanda me dice que va a ver a una amiga suya a Barcelona. Mi otro compañero de piso, Cameron, me cuenta que a él le ha dicho que se iba a Zaragoza a ver a Stephan. Yo quedo flipando. Amanda vuelve. Vuelve y con un Periódico de Cataluña bajo el brazo. El periódico está en perfecto estado. Un viaje a Barcelona desde Madrid en autobús son la hostia de horas. Esta inepta debe pensar que no sé que El Periódico de Cataluña se vende hasta en Gibraltar. Deja el periódico sobre la mesa del salón, haciéndome ver que ha estado en Cataluña. Le pregunto que si en Barcelona visitó el Parque Güell. Me dice que sí. Le pregunto que si en Barcelona visitó la Casa Milá. Me dice que sí. Le pregunto que si en Barcelona visitó el monumento homenaje a Madonna por su aportación al mundo de las artes. Me dice que sí. Amanda es imbécil.

viernes, 27 de enero de 2012

Ruby Delfino

Tantas ideas en la cabeza... Y mira que es difícil juntarlas y ordenarlas todas para construir un post de estos.  Yo hace tiempo tuve un blog, pero no se parecía en nada a éste. Qué va... Era un rollazo sobre mi último año de carrera. Bueno, acabó siendo un sindiós porque empecé a enrollarme con otros blogueros y puf... aquello terminó fatalmente. No fue de estas cosas en las que rompes supuestas amistades y luego con el tiempo vuelve el buen rollo y tal. Mira, y una mierda. ¿Ves a alguno? Yo tampoco. Un despropósito.

Ruby Delfino
La cuestión es que superado aquel trauma (terrible, bueno, una cosa...) me ha venido el mono de tener un blog de nuevo. Uno chulo, de estos como que te enganchan. Porque desde aquello mi personalidad ha cambiado, y creo que tengo muchas cosas que contar. En aquel entonces yo, Ruby Delfino, era un universitario de poco más de 20 años contando su último año en una universidad cuyo nombre no recuerdo, la pena que le daba que aquello terminara, momentos lacrimógenos... Vamos, los blogueros se enrollaban conmigo de pura pena que les daba, estoy seguro. Pero no, ahora es distinto. Tengo cinco años más, unos amigos con vidas que van a nutrir este blog con historias que volverían loco a cualquiera, unas vivencias propias que darían para escribir los guiones de tres películas -efectivamente, a cual peor que la anterior- y un futuro, cuanto menos, bochornoso. 

Esas vivencias me han hecho ser como soy. Tiernecillo, pero con un punto suculentamente borde... lo justo y necesario para SOBREVIVIR. Cruel, si hace falta, pero con el objetivo de que lo que diga no sea más que una sátira de lo que mis ojos están viendo. Despreocupado... Porque, siendo sinceros, jodidos ya estamos, así que mira oye, ¿para qué complicarse más la vida si el futuro que nos espera a los jóvenes de España ya es chungo de por sí? Soy cotilla, me gusta saber de los demás y que los demás sepan de mí -si no, queridos, no estaría escribiendo este blog donde contaré todo lo que pasa a mi alrededor, con nombres tan absurdos como Mary Jo, Kimberly, Cocó, Cameron o Erwin, que ya tengo repartidos a todos los amigos para proteger sus míseras intimidades-. Mira, oye, no sé... Soy tantas cosas que como empiece no paro... Y no quiero que la cosa empiece así, que ya bastante tendréis.

En fin, escucha. ¿Quieres saber de qué va esto? Pues es sencillo... Si piensas que tu vida es complicada y está llena de altibajos... vas a alucinar con la mía.